Un día cualquiera, un paciente cualquiera vino a mi consulta después de ser examinado a fondo por un cardiólogo cualquiera: todo estaba casi bien: tensión en el límite, colesterol rozando el límite, stress sobrepasando el límite… y el cardiólogo preguntó a mi paciente cualquiera: ¿tiene usted un médico de familia?, porque le va a hacer falta un buen director de orquesta para que todo vaya correctamente y entonces quizá no sea necesario medicarle.

Ni la mejor orquesta del mundo podría estar a la altura de Chopin, Brahms o Debussy, por citar a algunos de los grandes, sin un buen director.

El director debe tener la mayor cantidad de conocimientos posible y así poder indicar cuándo, quien y en qué momento debe hacer la entrada cada uno de los músicos de su orquesta, marcar los cambios de derivación, coordinarlos, resolver desacuerdos entre ellos, con el fin de que la interpretación de la obra sea brillante.

Y, por supuesto, también debe conocer profundamente al compositor, sus gustos, sus dudas, sus pensamientos.

Por todo ello, cada consulta, aún con el mismo compositor y con los mismos músicos resultará diferente, según con que maestría manejemos la batuta, aunque siempre nuestro objetivo será crear la más bella melodía.

Susana